"No puede haber noción de luz si no se ha penetrado en la tiniebla ...."

5 de marzo de 2012

Un artista del hambre y Un artista del trapecio

Para cambiar un poco de tema y darle otro enfoque a las entradas (puede hacerse un poco monótona la sucesión de comentarios de libros de los mismos autores), voy a hablar de dos relatos del escritor checo Franz Kafka.
Comentaré detalladamente los argumentos de los dos relatos, por lo que quien no desee conocerlos que no siga leyendo.

El primero de ellos se titula Un artista del hambre. Como se puede deducir, se nos relata la trayectoria vital de un artista dedicado a ayunar.
A pesar de ser una historia corta, el protagonista nos cuenta su forma de entender y de vivir el ayuno, además de expresar que hubo un tiempo de esplendor para esta clase de espectáculos, en los que la gente ponía mucho interés en contemplar a un hombre famélico metido en una jaula. Sin embargo, ese interés va diluyéndose, por lo que el artista nos relata también la decadencia de su modo de vida.
El dato curioso que veremos resuelto al final de la obra es el de que, el "artista del hambre" transmite la falta total de esfuerzo para ayunar. No le cuesta nada el hecho de no comer, y así lo enfatiza durante el relato, llegando a afirmar que si lo dejaran, seguiría ayunando más allá de los cuarenta días permitidos.
Además, contrasta el principio del relato, cuando el artista trabaja para un empresario que recorre Europa en busca de espectadores, con el final, donde vemos la decadencia del artista, que vive ignorado en un circo hasta su triste y revelador desenlace.
Éste personaje es un inadaptado, un marginado que no sabe vivir de otra manera que no sea la del ayuno. En el relato se ve reflejado, incluso cuando la gente acepta este tipo de espectáculos, que el artista es considerado, y se considera a sí mismo, una persona fuera de la sociedad. Nadie entiende su ayuno ni lo entienden a él.

El otro relato se titula Un artista del trapecio, y es más corto aún que el anterior.
Esta vez el artista se dedica al trapecio, que no abandona nunca, salvo cuando se trata de desplazarse, tarea que le resulta harto odiosa, pues el circo al que pertenece cambia cada poco de lugar.
Éste es un artista que, para no perder entrenamiento pues es el mejor en el trapecio, según dicen, vive constantemente en las alturas. A través de una cesta colocada especialmente para él, lo proveen de alimento y de otros enseres necesarios. Sin embargo, su falta de contacto humano se ve compensada por alguna que otra visita de algún colega trapecista, así como de algunos operarios que de vez en cuando arreglan la iluminación o algún fallo que pueda tener la carpa.
En uno de esos desplazamientos tan odiosos para el artista, quien viaja en la rejilla portaequipajes para no "bajar de las alturas" y está acompañado por el empresario del circo,  le pide a su jefe, entre sollozos, que le ponga otro trapecio, para tener, no una sino dos barras.
Lo que insinúa Kafka al final es mejor que lo lean los interesados en el relato, pues como dije anteriormente es muy cortito e interesante, y el final encierra, quizás, un significado revelador. Como ocurre con el final de Un artista del hambre.

La interpretación que yo saco de este último relato es la siguiente: creo que Kafka intenta transmitir la insatisfacción innata que tenemos todos los hombres.  Esa sensación de vacío existencial, esa búsqueda infructuosa de algo que reconstituya nuestro espíritu. El trapecista, de pronto pide un segundo trapecio, ¿por qué?
Su vida para él era perfecta, construída en las alturas, con sus necesidades satisfechas, disfrutando de la libertad de su arte ... sin embargo de pronto pide un segundo trapecio, entre sollozos.
Es como si Kafka nos mostrase que jamás nos sentiremos dichosos ni completos, porque dentro de los hombres hay incertidumbre, melancolía y miedo, y que de un instante a otro, esa insatisfacción se manifiesta para no desaparecer jamás.

Me gustaría recomendar la lectura de los relatos y su posterior reflexión. Personalmente me gustaron mucho y me quedé gratamente sorprendida, pues de Kafka sólo había leído uno de sus relatos, La metamorfosis.
También leí su novela El Proceso, de la que intentaré hacer una entrada, aunque intuyo que será más complicada de elaborar que las demás, y estoy en proceso de finalizar El Castillo, del cual también me gustaría comentar.

Espero que tengan un buen día y una buena lectura.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ALERTA DE SPOILER. Ambos cuentos me gustaron bastante, y los dos tienen finales reveladores, sobre todo Un artista del trapecio, el cual termina sugiriendo que el trapecista era finalmente solo un niño o un joven, posiblemente hijo del empresario dueño del circo.