"No puede haber noción de luz si no se ha penetrado en la tiniebla ...."

8 de enero de 2012

Manuscrito hallado en una botella

Siguiendo con los relatos de Edgar Allan Poe, comentaré éste tan singular. He de admitir que, todas y cada una de sus obras consiguen reflejar y transmitir el horror y desasosiego de situaciones anómalas e inexplicables.

Normalmente no consigo encontrar ningún análisis de los relatos que leo, y ésta no es una excepción, por lo tanto lo que comente será la conclusión que yo saco de la historia: una visión e interpretación del inquietante relato.
Voy a hablar detalladamente del argumento, por lo que, si hay alguien que no lo haya leído y no quiera conocer los detalles de antemano, le aconsejo dejar de leer a partir de aquí.

Manuscrito hallado en una botella. Es así como los lectores descubrimos la horrible experiencia del protagonista. A través de sus inquietantes palabras nos adentramos en la negrura de los desconocido.
Éste relato tiene como protagonista a un hombre al que Poe nos presenta como un escéptico, falto de imaginación y metódico, de alguna manera, para justificar la veracidad de sus palabras ante una historia tan extraordinaria como improbable.

Este hombre embarca en Batavia, hoy conocida como Yakarta, para dirigirse a un archipiélago de Indonesia. En el transcurso de su viaje, ya experimenta una sensación inquietante que se corrobora con el presentimiento de un próximo huracán. El protagonista se da cuenta de que la quietud del aire, el calor sofocante y la inexistencia de nubes anuncian una catástrofe. Y efectivamente ocurre, quedando como únicos supervivientes un viejo sueco y él, que consiguen establecerse en la zona del barco menos dañana.
Durante cinco días y cinco noches la tempestad no cesa, arrastrando el barco a velocidades impensables. El quinto día el sol se muestra extrañamente metálico, antinatural, para dar paso a la mayor de la oscuridad.
Los supervivientes, extrañados y confusos, divisan un enorme y descomunal navío, que se alzca entre las gigantescas olas sin vacilar, y a punto de partir por la mitad la malograda embarcación en la que se encontraban los atónitos hombres.

 Cuando esto ocurre, el protagonista es capaz de saltar hacia la inmensa embarcación y allí se esconde. Pronto se da cuenta de que toda la tripulación parece antigua, con marcados signos de vejez, y lo más sorprendete aún: nadie parece verlo o darse cuenta de su presencia. Como comenta el protagonista:  - El barco y todos los que navegan en él están impregnados por el espíritu de la Antigüedad - , y ésto también se corresponde con los aparejos, las cartas de navegación y la
 extraña madera con la que está construido el barco. Horrorizado, el protagonista escribe que el tiempo va pasando y que la violenta tempestad y la turbulenta marea no cesan en ningú momento, así como la noche eterna que los acompaña.
El desenlace nos hace intuir el destino del protagonista, tan extraño como el barco y su tripulación.

La visión que yo saco de este relato es una hipótesis que no podría aceptar del todo, pues tengo la sensación de que hay muchas más cosas detrás de lo que parece a "simple vista".
Según como nos va relatando el protagonista, parece que el huracán desembocó en una especie de dimensión, o corriente paralela, lo que hizo que se cruzara con un navío errante y maldito, condenado a navegar por siempre entre la tempestad y la oscuridad. Da la sensación de que fue a dar con el navío maldito cuando éste estaba cerca de cumplir con su destino, con el final de esa maldición, ya que el relato termina de una forma un tanto esclarecedora pero igual de inquietante.
El protagonista se ve atrapado en una historia que no es la suya, y que forzosamente se verá obligado a compartir, llegando a su destino con los extraños tripulantes del navío. O quizá nuestro protagonista esté ya muerto, y se encuentre en una especie de limbo en el que el tiempo y el mar se desarrollan según un estado de ánimo o de conciencia.

Lo que sí es cierto es que hay algo que rompe la fina línea de la realidad. Es muy significativa la noche constante, la persistente tempestad y bravura del mar. Quizá con esto nos venga a advertir Poe sobre los misterios que encierra la vastedad del mar, de sus cambiantes vientos, de sus impredecibles actos.
Tengo que añadir que este relato me recuerda al Dagón de H. P. Lovecraft, por la negrura que encontramos en las dos historias, ya sea en el mar o en el cielo,  que desemboca en otra diemsión o lugar extraño, llenando al protagonista de un inmenso horror.

Hay un dato muy interesante que me llamó poderosamente la atención. El protagonista menciona que en su frenético viaje a bordo del extraño navío, puede divisar columnas inmensas de hielo a los lados, por lo que deduce que se están acercando al Polo Sur.
El final del relato tiene especial relación con este hecho, pues como menciona el mismo Poe, no descubrirá hasta años más tarde de la publicación de su relato, los mapas de Mercator.
A quien le interese puede encontrar en esta información un significado para el final de la historia.

Rescato una última frase del relato como despedida. Para mí una metáfora de la vida misma; de nosotros los seres humanos:

- Sin duda, estamos destinados a flotar siempre en el mismo borde de la Eternidad, sin precipitarnos finalmente en el abismo. -

Que tengan un buen día y una buena lectura.

2 comentarios:

Víctor Manuel Ramos dijo...

Hola. Primera vez por aquí. Me encanta esta reseña detallada que ofreces. Transmites muy bien el temperamento de este relato, muy acorde a Poe. Es un autor a quien tengo pendiente leer en mayor detalle, ya fuera de las asignaciones a través de las que conocí su trabajo hace décadas. Estuve una vez en la que fuera su casa en el Bronx en circunstancias muy extrañas para compartir en este comentario y siempre me he quedado con ganas de leerle con mayor atención. Tal vez ha llegado el tiempo. Saludos.

Pequeño Hereje dijo...

Viendo el increíble ánimo que da este blog por incentivar a la lectura, creo que lo voy a enlazar al mío.

Saludos, excelente forma de redactar.